Desde Adentro | La revista de los comunitarios

Tapas que tapan

Los jóvenes de nuestro barrio y el acceso a la Universidad

Este año hicimos un encuentro convocando a chicos jóvenes y padres que   estuvieran interesados en hablar de este tema. Vimos la película “Ángeles Caídos” que cuenta tres historias de pibes de barrios humildes. Intercambiamos  experiencias y opiniones sobre las dificultades y los deseos de estudiar más allá del secundario. Después analizamos lo que se suele decir sobre este tema en los medios. Acá van algunas de las conclusiones sobre este encuentro, en donde tratamos de pensar cómo es el difícil camino hacia la universidad.

Antes de hablar de nuestros jóvenes creemos importante como punto de partida conocer la situación de los padres de los chicos. Se suele decir que “la culpa de que los chicos no estudien la tienen los padres” pero la realidad también es que los sueldos bajos que se pagan hoy  exigen a los padres a estar muchas horas fuera de sus casas. El trabajo digno, es decir, en condiciones dignas, ya no existe y en muchos casos tienen que salir los dos padres para cubrir los gastos mínimos.
Los pibes que llegan del barrio a la Universidad son pocos, y en base a un gran sacrificio, pero no depende solamente de ellos mismos. Se necesita contención, apoyo familiar y condiciones de vida que permitan estudiar: tener asegurada la luz para leer, por ejemplo y no depender de que se corte la luz en medio del estudio o antes de un examen como muchas veces pasa en nuestros  barrios.

La voluntad de lo pibes

Hay que tener cuidado cuando escuchamos “sólo depende de la voluntad”, es cierto hay que tener voluntad para estudiar, pero hay que tener voluntad entre muchas otras cosas. Antes de afirmar algo así hay que estar atentos a no repetir lo que dice la televisión, que muchas veces sirve para justificar la injusticia de la desigualdad. Porque la voluntad se construye también, no es algo que los pibes llevan, o no, desde el nacimiento, como el color de pelo o de ojos. La voluntad se construye, se forma, en cada uno de los pibes según sus experiencias y la contención que tengan. Según lo que les ofrecemos, según lo que ven para su futuro y lo que se imaginan para ellos, según lo que sienten. La voluntad de los chicos, entonces, se construye, se arma de sus experiencias. Pero además, aún con toda la voluntad de ese pibe no alcanza. Entonces, eso que escuchamos a veces: “sólo depende de la voluntad para que lleguen a la Universidad”, no es cierto. Depende de la voluntad (que como dijimos es construida) y de muchas otras cosas, como por ejemplo, de las condiciones de vida: de cómo vive ese pibe cotidianamente, de si tiene un lugar cálido donde estudiar, de si come bien, de si le alcanza para los apuntes. Por eso decimos que si afirmamos que sólo depende de la voluntad terminamos repitiendo la justificación de la injusticia. Decir eso es olvidarnos de pelear por lo pibes a los que les arrebataron la voluntad y es olvidarnos de que para todos no es igual de sencillo sentarse a estudiar.

El interés de los pibes

Cuando creemos que a los chicos “no les interesa nada” sería bueno preguntarnos qué les ofrecemos nosotros a esos chicos. Y cuando decimos “nosotros” no se trata de pensar nada más que en los padres, sino pensar qué les ofrecemos los vecinos, la comunidad, las instituciones, la escuela, los políticos a los que votamos, los docentes que también los forman: ¿qué les estamos ofreciendo? ¿Cuándo nos acercamos a los pibes? ¿Cuándo nos comunicamos? ¿Cuándo los escuchamos? ¿Cuándo les proponemos algo? ¿Cuándo hacemos el esfuerzo de explicarles eso que hasta para nosotros es inexplicable?

Los pibes no se ven en el futuro. Muchos dicen: “No estudian porque prefieren la fácil”. La pregunta es: ¿qué es fácil? Para estos pibes, “vida fácil” sería poder ir a estudiar. Fácil sería no haber tenido que luchar por una vacante en la primaria, fácil sería que las ambulancias entraran a su barrio, fácil sería no pasar frío en invierno… fácil sería poder estudiar sin otras preocupaciones. La vida de los jóvenes en nuestros barrios no es fácil, como tampoco lo es la de aquellos pibes que se quedaron afuera de todo y pierden la vida por unos pesos. El desinterés de estos pibes tiene que ver con sus experiencias. ¿Quiénes se interesaron por esos chicos? A quiénes les importan esos chicos por otra razón que no sea porque “no queremos que nos molesten y que no nos toquen lo nuestro”.

La Universidad ¿Pública?

A veces también escuchamos que “La universidad es pública y gratuita, el que no va es porque no quiere”. ¿Gratis? ¿Y los gastos de boletos, apuntes, fotocopias? Muchas veces, los chicos de nuestros barrios no llegan a la Universidad porque antes no llegan a la Escuela siquiera. En el sur de la Ciudad no hay vacantes en las primarias. ¿Es pública entonces? Y en los casos en que terminaron la primaria y secundaria, ¿les alcanza el nivel educativo de las escuelas superpobladas del sur para adaptarse a la Universidad? Ahí es cuando sienten que “la universidad no es para ellos”, sentir que no podemos es sentir que no valemos nada, la autoestima de estos pibes también es arrebatada.

Los medios y los pibes

Los medios de comunicación tienen un rol fundamental. Todo el tiempo te exigen que consumas, que compres, el poder de estos medios te invade de publicidad. Los pibes en muchas oportunidades terminan sintiendo que valen sólo por lo que tienen, y el valor lo ponen los que tienen el poder. A los chicos les cuesta ver una salida en el estudio. No hay posibilidades para ellos porque no se las damos. Desde los medios de comunicación se instalan todas esas frases que analizamos antes y que tienen poco de verdad. Lejos de tener una mirada comprensiva, los medios piden más represión contra los chicos. Como medio comunitario debemos contar todas esas cosas que los medios no quieren contar y comprometernos con nuestros chicos. Luchemos juntos para que nuestros pibes tengan las mismas posibilidades y para que entonces sí puedan llegar a la Universidad.

“Buscamos que el pueblo pueda decir su propia verdad”

Entrevistamos a Juan Nuñez, fundador de la radio comunitaria “La Milagrosa” FM 100.9, de Ciudad Oculta. Nos contó sobre la importancia de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. También estuvieron presentes durante la charla, Federico y Romina, quienes conducen el programa de radio “Todos a la olla”, que sale al aire todos los sábados de 15 a 17 por  La Milagrosa

Desde Adentro: ¿Por qué es importante esta nueva Ley?

Juan: La gente tiene que entender, primero, que la ley de medios beneficia a la gente común, porque te da la posibilidad de que vos también seas protagonista, y hoy en día eso no pasa. En los medios comerciales sos protagonista si tu historia sirve para vender la publicidad de algún comercio, sino no sirve. Lo que busca la ley en definitiva es que la persona común tenga voz y que pueda ejercerla, y ni hablar de las organizaciones sociales, la ley permite que tengan radios propias. Además, nosotros lo que venimos peleando, tanto FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias) como la Coalición por una Radiodifusión Democrática, es que los medios comunitarios sean masivos, que no sean sólo para el barrio. La idea es esa,  ¿cómo se lo va a hacer?, no se, la nueva ley habla de que el Gobierno tiene que subsidiar a los medios comunitarios  y públicos.

Se dijo en muchos medios masivos que es una Ley K. ¿Qué pensás vos?

J: El anteproyecto de ley es una lucha que viene haciendo FARCO desde hace 25 años. El sueño era un nuevo modelo de comunicación, más que una nueva ley, porque si no hay esto, la ley no sirve. Lo que hizo FARCO, para que le dieran pelota, fue buscar otra política. Entonces hace 5 años decidieron llamar a las organizaciones sociales de todo el país para formar una gran coalición y así se formó la Coalición por una Nueva Ley de Radiodifusión. FARCO hizo como intermediario de todas las organizaciones sociales. Se hicieron debates en todo el país y de cada encuentro se sacaron dos o tres puntos que se le agregaron al proyecto final. Entonces quedó como un gran proyecto colectivo, aparte del debate en el Congreso. Yo creo, además, que esto es una pelea de clase también, de intereses. Ningún multimedio va a querer apoyar  la ley.

J: Hay otra cosa que nadie sabe respecto a la ley. El 27 de agosto se presentó el proyecto, el jueves anterior, nosotros hicimos una reunión en la Coalición en la que se tomó la decisión de que sí el Gobierno no la presentaba, lo haríamos nosotros. Lo que pasa es que para que tuviera mayor peso era mejor que lo presentara la presidenta. Además, sabíamos que si no se presentaba ahora, el año que viene con el nuevo Congreso no se aprobaba.

Hay otros temas o negocios que mueven mucho dinero. Sin embargo la cuestión sobre Ley de Comunicación despertó un gran debate en los medios ¿Por qué creen que sucede esto?

Federico:  Creo que eso está relacionado con desde dónde se cuentan las cosas. A ellos no les conviene que se cuenten las cosas desde determinados puntos de vista. No les conviene compartir el micrófono con alguien, compartir la palabra con otro.

Romina: Yo creo que por ahí esta más relacionado a lo político que a otra cosa, el tema de los medios maneja todo.

J: Político-comercial sería, porque la ley es antimonopólica: estamos hablando del poder económico de Clarín. Todas las publicidades y negocios entran para Clarín, y aparte a ningún medio masivo le conviene que un comunitario siga creciendo. El otro día se armó una discusión en una reunión cuando una locutora recibida con título decía: “quieren  armar la Ley K para que los que tengamos carnet no podamos trabajar”. ¡No! La ley es para que trabajemos todos, si vos tenés carnet, tal vez ganes mejor,  pero tampoco sirve tenerlo y que nunca digas la verdad, que tu verdad sea la de tu patrón. Nosotros buscamos hacer medios populares, medios comunitarios, comunicación popular, queremos que hable el pueblo.

Desde los medios se deciden políticas que ya no solo tienen que ver con la comunicación en sí, sino también con otros temas ¿Cuál es la propuesta de los medios comunitarios sobre esto?

J: Lo que proponemos los medios comunitarios es un nuevo modelo de comunicación. Lo que buscamos es que la comunicación cambie, que el pueblo pueda decir su propia verdad y que tenga espacio dónde hacerlo. Los canales de televisión vienen a la villa a decir que los chicos se están drogando pero nunca a decir que hay un centro comunitario que está colaborando y dando de comer a cien pibes. Eso no sale en ningún medio. Buscamos que los medios comunitarios puedan ser masivos, para que eso que querés decir y no sale en Mitre, pueda salir desde un medio comunitario.

Es difícil que la comunidad se interese por el tema de la Ley ¿Cómo creen que habría que hacer?

J: Les cuento algo anecdótico. Estábamos en una reunión y nos preguntábamos cómo hacer para que a la gente le interesara hablar de la nueva ley. Y saltó un viejo, de esos más locos que siempre te sorprenden con algo, y dijo: ¡El futbol! ¡Vamos con la consigna de fútbol para todos! Gratis, para todos. Los gremialistas, Mariotto, todos se quedaron mirando entre ellos, sorprendidos. Al otro día sacamos a la calle “Fútbol para todos”. El afiche de la presentación del  27 dice: “Un gol de la democracia”. O sea, se trata de buscar el consenso popular, pensar cómo hacer que la gente común se interese por esto. Bueno, el fútbol era un buen camino, a la mayoría le gusta y a partir de ahí empezamos a jugar con eso.

Otros sectores proponían dejar el debate de la ley de medios para más adelante ¿Qué opinan sobre esas posturas?

J: Nadie decía que la ley era mala porque no lo podían decir. Los partidos mayoritarios están conscientes del debate que se hizo. Hubo mucha movida, incluso internacional porque hasta la gente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) salió a decir que la nueva Ley de Radiodifusión de la Argentina es un modelo para todo el mundo por la forma en que se armó. Entonces no podía salir un diputado a decir que era mala. Lo que dicen algunos sectores es que faltó más tiempo de debate. Pero se hicieron todos los foros que se tenían que hacer y ellos estuvieron invitados a todos. El único foro en el que estuvieron presentes fue cuando se hizo la presentación de los 21 aportes a los 21 puntos en el Congreso y en ese momento todos salieron a apoyar la presentación de la ley, incluso la oposición. La estrategia de ellos era que se presentara la ley y tratar después de que se cajoneara.

Por último, nos gustaría que nos cuentes cómo se fueron logrando los acuerdos en las reuniones de la Coalición.

J: Creo que lo principal fue tomar
conciencia de que no estábamos en condiciones de permitirnos perder ningún aliado. Si bien había diferencias entre las organizaciones

Sociales que forman la Coalición, tratamos de dejarlas afuera y estar unidos, porque sabemos que la disputa es organización social frente a poder económico,  entonces no podíamos darnos el lujo de que se enojara alguno y se fuera. Se dijo que la Coalición era una organización de acuerdos. Sobre lo que no había acuerdo decidimos que no nos íbamos a pelear, lo dejabamos para debatir en otro momento. Había que pelear por lo que sí estábamos de acuerdo.

¿Querés agregar algo más?

J:Creo que hoy todo el mundo habla de la ley, pero la batalla no estaba en que la ley saliera, sino en su reglamentación. Nosotros miramos la ley y miramos la trampa, prestamos atención a la letra chica. Tomamos como antecedente lo que pasó en Río de Janeiro, que festejaron cuando salió la ley pero se reglamentó de manera vergonzosa.
Las radios comunitarias no buscamos licencias. Eso vendrá después. Buscamos un nuevo modelo de comunicación y que los medios comunitarios sean masivos.

Desigualdad

A lo largo de este número reflexionamos sobre distintos temas, diferentes problemas de nuestros barrios. Siempre lo hicimos con una misma estrategia: NO repetir lo que ya dicen los grandes medios de comunicación sobre nosotros y, a la vez, NO justificar lo que vivimos sólo por “la pobreza” de estos barrios. Con esta mirada, con esta estrategia, reflexionamos. Conversamos, debatimos, nos equivocamos, pero sobre todo nos sorprendimos de lo que esta mirada sobre nuestros problemas nos permitía ver. Algo que antes no estábamos viendo: Hoy estamos convencidos de que las razones de muchos de nuestros problemas hay que buscarlas en la DESIGUALDAD, y en los responsables que generan esa desigualdad. Una desigualdad que define a los que “tienen” y separa a los que no.

Hoy miramos en televisión y escuchamos en las radios a “personajes” que hablan en largos discursos sobre “la pobreza”. Pero hoy también sabemos que esos son personajes que sólo buscan mostrarse preocupados. Nos hablan sobre “el escándalo de la pobreza en el país”, pero no están dispuestos a hacer nada por cambiar esa realidad.

Para nosotros hoy algo está claro: NO es cierto que todos los que nos hablan de la pobreza estén interesados realmente en un país más justo. Al revés de lo que parece, muchos de los personajes (animadores televisivos, políticos, periodistas, actores, obispos) que se muestran horrorizados por la pobreza son los grandes responsables de esta situación.

Es justamente porque ellos son responsables, que prefieren hablar de “la pobreza” y no hablan sobre las causas: sobre cómo y quiénes generaron esta pobreza. Esos personajes no están buscando un país más justo, por eso elijen hablar sobre “el escándalo de la pobreza” y no nos hablan de la desigualdad social: donde unos pocos ganan tanto y muchos otros ganamos tan poco.

Esos discursos que aparentan preocuparse por todos sólo se preocupan por ellos, por eso no nos dicen nada sobre las causas que generan la exclusión, por eso no nos dicen nada sobre por qué nuestros chicos tienen tan pocas oportunidades. En cambio, esos personajes prefieren hablar de los chicos como “menores peligrosos”.

Parece entonces que a muchos personajes que escuchamos cotidianamente en los medios masivos no les importa cómo vivimos, pero hoy “queda bien” hablar de pobreza, suma puntos: les conviene para sus intereses individuales.

Lo que NO dicen es que a la pobreza la genera la concentración de la riqueza. Lo que no dicen es que nosotros tratamos de vivir lo mejor que se puede dentro de la pobreza: porque no somos “pobres” sino que tenemos grandes problemas económicos. Por eso, nosotros no hablamos de la pobreza sino de la desigualdad, de la necesidad de que la distribución sea más justa. Nosotros hablamos de organizarnos y luchar unidos, porque sabemos que el esfuerzo de cada uno vale, pero vale mucho más si estamos organizados. De esto tampoco hablan estos personajes que hoy salen espantados por los medios a hablar de “la pobreza” y a pedir mano dura. A estos personajes no les gusta que nos organicemos, no les conviene que luchemos unidos, sólo a veces rescatan el esfuerzo de alguno que pudo salir adelante desde nuestros barrios y dicen: “Vieron con esfuerzo siempre se sale adelante”. Nosotros, en cambio, pensamos que es importante el esfuerzo, y que es cierto que trabajando duro se puede salir. Pero no depende sólo del esfuerzo. Depende también de un contexto. Se necesita una familia que contenga y que no todos la tienen. Para que salgamos adelante todos, y no sólo algunos, se necesitan oportunidades y muchas de ellas las tiene que asegurar el Estado. Se necesita al pueblo organizado.

Nosotros sabemos que hay muchas personas que se esfuerzan y no pueden salir adelante y eso nos demuestra que no siempre el esfuerzo viene seguido de un logro. Laburás y no alcanza. Sino estaríamos pasando por alto a todos aquellos que se esfuerzan a diario y no le salen las cosas, o a aquellos que por distintas razones ya ni ganas de intentarlo tienen.

Por eso, a todos aquellos que dicen querer combatir la pobreza, les decimos que nosotros queremos combatir la desigualdad. Queremos combatir a los que causan la pobreza, a los que echan a obreros de las fábricas, a los que nos explotan. Nosotros sabemos que trabajamos mucho más que varios que visten saco y corbata, mucho más que duro que diputados y senadores, pero nuestro trabajo no es valorado de igual manera. Creemos hay que valorar el trabajo de todos y todas por igual. No alcanza con más comida en los comedores, o con más planes y bolsones, queremos tener las mismas oportunidades que el resto.

Hoy distintos personajes dicen que hay que combatir a la pobreza, pero lo que no pueden decir ellos es que en realidad lo que hay que combatir es a la riqueza. Ahora sabemos a quienes no les importamos.

¡Ya Salió el 4° Número!

Próximamente subiremos las notas…

La Urbanización vista desde adentro

La urbanización en las villas es uno de los temas que hoy más preocupa a los vecinos que vivimos en ellas. Nuestra opinión sobre el tema tal vez sea muy diferente a la de algunos políticos, técnicos y medios de comunicación masiva. Cuando se habla de urbanizar, entonces, tenemos que prestar atención de qué es lo qué significa eso y para quién, ya que detrás de esa palabra hay muchas ideas, significados e intereses distintos.

Si urbanizar es que se abran las calles, que pasen los colectivos, las ambulancias, que haya más acceso a los servicios, estamos de acuerdo. Pero si urbanizar es que nos corran para atrás y que nos sigan excluyendo, nos vamos a oponer.

Nosotros creemos, además, que se deben tener en cuenta los usos y costumbres de los vecinos que habitamos estos espacios, y se deben respetar las culturas de las diversas colectividades y de los distintos países que aquí convivimos. Como dice la carta escrita por el Equipo de Curas Villeros, “más que de  urbanizar, nos gusta mas hablar  de integración urbana, es decir,  respetar la idiosincrasia de los pueblos, sus costumbres, su modo de construir, su ingenio para aprovechar tiempo y espacio, respetar su lugar, que tiene su propia historia”. A nosotros también nos gusta más hablar de integración, porque es necesario que se respete el esfuerzo y sudor que los vecinos hemos puesto para construir con cemento, chapa y ladrillo nuestros hogares. Porque es necesario que se comprenda que un departamento en un edificio, unos metros más atrás, no equivale al esfuerzo empeñado en nuestras casas, ni contempla por ejemplo que muchas veces el almacén que atendemos en donde vivimos, y que nos hace llegar a fin de mes, desaparece en un departamento.

Queremos tener garantía a los accesos y servicios como cualquier  “ciudadano”, no queremos nada regalado, pero a la vez de ninguna manera queremos que esos nuevos servicios en el barrio funcionen como nuevas fronteras. No queremos que nos limiten y restrinjan el tránsito y la circulación al resto de la ciudad, no queremos estar encerrados. No queremos que porque pongan más servicios en nuestros barrios tengamos que estar limitados a conocer solamente esto. Queremos inclusión plena al resto de la ciudad, de la sociedad. Queremos tener una mejor calidad de vida, queremos tener acceso real. Que no sea sólo un hospital nuevo, sino un hospital con los médicos más capacitados para quienes más los necesitan. Que no sea sólo una escuela nueva, sino una escuela con  los maestros más formados y la contención más atenta para quienes año tras año deben luchar por una vacante.

Y no nos conformamos con un hospital y un edificio. Eso es un derecho, es cierto, pero también es un derecho poder acceder a todas las posibilidades que existen en el resto de la ciudad. Vivimos en el sur, y queremos mejor calidad de vida para el sur. Somos parte del sur, pero también queremos poder ser parte del resto de la ciudad. Queremos que cambie la mirada del resto de la ciudad hacia nosotros, necesitamos una mirada que no nos señale, que no nos discrimine.

Para lograr esto, creemos que es necesario una decisión política, pero no solamente la política de los funcionarios del gobierno sino también la inclusión de la política que cotidianamente hacemos los vecinos. Lo que nosotros hacemos también son políticas, y si el gobierno quiere urbanizar nuestro barrio tiene que escucharnos, teniendo en cuenta nuestras opiniones, nuestras experiencias. Por todo esto, es importante que participemos, para que seamos nosotros quienes decidamos sobre cómo queremos vivir en nuestros barrios.

La urbanización según yanina

La urbanización según yanina

“La gente sabe sus derechos, nos estamos reuniendo, y vamos por más”

Entrevistamos a dos vecinas del Barrio Fátima. Nelly y Alicia, junto a Cecilia una militante del centro comunitario “La Chispa” de Soldati, ellas nos contaron su experiencia de organización en ese barrio que les permitió frenar los intentos de desalojos.

 

¿Cuando empezó este grupo y por qué se formó?

N: Empezamos en marzo cuando los del Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) nos tiraron unas notitas por debajo de la puerta, donde decía que teníamos cita con ellos para que nos comunicaran algo sobre la vivienda. Nos querían entregar unos departamentos que se estaban construyendo, pero sin acordarlo, ni siquiera hablarlo, con nosotros. Pensábamos que era sólo para la parte más afectada, el sector del medio, que está muy superpoblado y es muy precario: no tienen cloacas, se inundan cuando llueve, pero resultó ser para toda la manzana 5. Para la gente que tenía una buena casa, hecha con mucho esfuerzo, no le implicaba una mejora el departamento, ni la reubicación. A la mayoría no nos convenía. Empezaron a amenazarnos y nos daban ocho días para irnos.

 ¿Qué pasó cuando se reunieron en el IVC?

N: En la cita a mí me dijeron que por los años que llevaba en el lugar, y el Censo hecho en 2003, tenía la vivienda correspondiente y que si no nos gustaba teníamos que buscar otra ubicación, pero teníamos que irnos si o si de ahí, porque iban a venir las topadoras. Yo me planté y les dije que no me interesaba la vivienda, que no iba a buscar reubicación y tampoco iba a dejar mi casa, y que constara eso en el papel. Les dije que iba a luchar porque había llegado hacía 23 años. Mis hijos nacieron todos acá y patié el barro para conseguir luz, agua y hacer mi casita. En las habitaciones del departamento que me querían dar no entraba ni el ropero y me dijeron que lo venda, que me iba a tener que deshacer de algunas cosas.

A: No hubo una reunión previa para explicar nada.  Además, la gente que mandaban era muy maleducada, nos maltrataban, nos decían: “esto es lo que hay, si querés lo aceptas y sino, te quedas en la calle”. Nos trataban como ignorantes, como si viniéramos de la selva y no conociéramos una cocina o un termotanque.

 ¿Cómo surgió lo de organizarse?

N: Ahí, decidimos hacer algo. No sabíamos por dónde arrancar, a quién dirigirnos. Yo participo en el Centro Comunitario La Chispa, entonces, se más o menos que tengo algunos derechos, ahí los fui aprendiendo. Primero, buscamos a alguien que nos oriente y, entonces, hablamos con Natalia, una abogada que milita en Soldati hace años. Empezamos las reuniones de vecinos en la calle, llevábamos a otros vecinos y contábamos experiencias. Así fue que nos enteramos de los abusos que cometían.

 ¿El IVC para qué quería ese lugar, cuál era el proyecto?

N: La manzana 5 es muy grande, querían hacer más viviendas. Después fueron cambiando radicalmente pero porque nosotros nos movilizamos bastante. Nos organizamos. Hicimos festivales, marchas. También pedimos espacio a la Iglesia para reunirnos, para que fuera un lugar neutro. Fuimos casa por casa, hicimos un relevamiento de cuántas casas había, hicimos encuestas sobre quién quería salir y quién no. Y así nos fuimos armando nuestro propio plano. Cuando empezamos a organizarnos y plantarnos en que no nos queríamos ir, el IVC cambió de proyecto. En vez de sacar toda la manzana, empezó a proyectar sacar sólo la parte central, es decir, la parte de las familias que sí se querían ir a los departamentos porque estaban realmente muy mal. Pero ese cambio nunca se informó. Nosotros nos enteramos porque pedimos reuniones, hicimos petitorios, pedíamos todo el tiempo información al Instituto. No podía ser que el IVC interviniera sin hablar con la comunidad, ese era el reclamo principal.

 ¿Cómo reaccionaron ante el  cambio de proyecto?

 N: A partir del cambio de proyecto empezamos a dividir los reclamos. Por un lado, los que no nos queríamos ir y reclamábamos el derecho a permanecer, y por otro lado, también ese espacio empezó a representar a le gente que sí se quería ir a los departamentos. En esos casos, la lucha era, y es todavía, por la entrega rápida de los departamentos, que se entreguen terminados, con todo instalado, con luz, agua, gas. En ese momento sólo nos dijeron que el IVC entregaba los departamentos y que Corporación del Sur se hacía cargo de la mudanza y de las demoliciones.

 ¿Cómo fue el tema de la mudanza?

A: Fue un desastre y hasta ahora nadie se hizo cargo. Las demoliciones las hicieron chicos del barrio a los que les pagaban diez pesos. Pibes que están en el Paco, destruidos por la droga, hacían el trabajo y, a la vez, le afanaban a la gente. Nadie coordinó nada. Las paredes quedaron moviéndose porque sacaban una casa sí y otra no. Los escombros están todos ahí, los cables colgando, los caños de agua a la miseria, ratas por todos lados. A mucha gente le robaron muchas cosas. Fue un desastre. Todavía hay personas que no tienen solución. Llamamos a la Defensoría del Pueblo pero hasta ahora no hicieron nada.

 ¿Cuál es la situación hoy?

N: Empezamos a trabajar, junto con un equipo del Instituto, caso por caso. Hay dos tipos de casos: familias que ya tienen una vivienda asignada pero que no las mudan, y están viviendo en el medio del derrumbe, y están las familias que todavía no firmaron ningún tipo de solución con el Instituto, porque no les proponen nada que les mejore la situación. Y después, sigue el reclamo de los que no están afectados pero reclaman el loteo y la propiedad de la tierra, que es un reclamo más a largo plazo, pero que es una lucha histórica. Entonces, nos reunimos dos veces por semana. Los martes trabajamos lo casos más urgentes, que tienen que ver con los terrenos demolidos, y los sábados, es como un espacio donde pensar un proyecto propio de urbanización, primero de la manzana y después de barrio. Dejamos bien en claro que queremos estar más al tanto de lo que se va a hacer. Queremos participar, ver qué van a hacer y qué es lo que queremos nosotros.

Las viviendas no se van a hacer. Ahora, quieren hacer una plaza pero muchos vecinos no quieren porque van a poner tres canteros y lo van a enrejar, va a ser una jaulita. Por estas cosas es que nos tienen que escuchar.

 ¿Cuál es la propuesta que tienen ustedes por ahora?

N: Estamos haciendo consultas en todas las manzanas, son siete en total. Hay tres opciones: hacer un polideportivo, hacer una guardería o una salita comunitaria. Queremos algo para todo el barrio, que sea consensuado, por eso vamos a hacer una consulta popular.

 Por último queríamos preguntarles: ¿qué significa para ustedes urbanizar?

N: Urbanizar es que de una vez por todas nos digan este lugar es tuyo. Por ley sabemos que llevamos años en este lugar y que esta tierra es nuestra. Queremos que ya sea nuestra, que nos reconozcan, y que si tienen que ponernos medidores, que los pongan, y así pagaremos la luz, el agua, todo, como corresponde. Que reconozcan que vivimos ahí, que tenemos derecho a vivir bien, en una vivienda digna.

A: Urbanizar es lo que queremos. Si tienen que abrir una calle, si uno tiene que ceder un poquito y bueno… si es para que pueda entrar una ambulancia, un carro de bomberos, eso estaría bien.

N: Nuestra lucha es nuestra lucha, no nos quedamos con esto, queremos más y más. Al principio fue por la permanencia, por las personas que se querían quedar, luego se transformó en la lucha por el loteo y por la urbanización. Nos despertamos un poquito más, la gente sabe sus derechos. Nos estamos reuniendo y vamos por más.

Un barrio sin participación es un barrio débil

En estos días vemos lo difícil que resulta lograr participación en las actividades y luchas que llevamos adelante, de acá partimos en este número para pensar juntos sobre un tema que entendemos es clave: la participación en los barrios.

Para hacer frente a las injusticias que cotidianamente vemos, y vivimos, aparece la participación. La participación como un “hacerse cargo” del protagonismo de cada uno de nosotros para generar una transformación. Para que, de verdad,  las condiciones de vida de nuestra comunidad sean otras. La agenda política de la ciudad no tiene al sur en primer lugar, sino más bien venimos siendo postergados desde hace mucho tiempo. Para nosotros, participar se vuelve necesario para que otros no decidan por nosotros. Para poder cuestionar y discutir las decisiones que no son acordes a lo que desde aquí queremos y creemos que es justo. Un barrio sin participación es un barrio débil.

Ver que los problemas de los demás son de todos, son nuestros, es el puntapié inicial en la lucha por este cambio. El compromiso, la responsabilidad y el respeto son herramientas para lograr una participación posible. Tenemos que tener un fin en común, un horizonte, que nos incentive y movilice, con objetivos claros y concretos.

¿Por qué nos cuesta tanto la participación? Durante años, nos han ido convenciendo de que la política es para “los políticos”, que la desigualdad es algo natural, que la iniciativa individual es más valiosa que la organizada y que porque somos pobres somos ignorantes, que no sabemos decidir, ni conocer qué es lo mejor para nuestros pibes. Por esa puerta entró a los barrios la falta de autoestima, el “yo no sé hablar bien”, “yo no escribo lindo” o “de esto yo no entiendo nada”, nos han convencido de que sólo servimos para lo que “nos toca”. Nos cuesta entonces confiar en nosotros mismos para luchar, transformar y transformarnos.

También sería importante preguntarnos dentro de los propios grupos, instituciones y organizaciones del barrio qué es lo pasa. Muchas veces, los que convocamos terminamos siendo cerrados, los mismos que invitamos a participar nos encerramos en las cosas que construimos hacia adentro. Otro problema frecuente en estos espacios es la despareja distribución de responsabilidades y cargas dentro de los grupos, generando desgastes y haciendo más difícil sostener construcciones colectivas en el tiempo.

Desde aquí, pensamos que hacen falta nuevas estrategias para lograr más participación. Estrategias, por ejemplo, para vencer el temor a salir y participar en espacios por la violencia en el barrio, o para convencernos de que nosotros podemos expresarnos. Y finalmente, tal vez, también falta darle mayor importancia a la construcción de los vínculos afectivos dentro de los grupos. Conocernos, contenernos, y reconstruir esos lazos que se desgastaron. Compartir, involucrándonos entre compañeros y trabajando para eso, sin esperar que surja espontáneamente. 

Creemos que estos elementos son importantes para participar, y si bien están a nuestro alcance se están perdiendo, quizás por la ausencia de responsabilidad y compromiso, por no sentir la necesidad de involucrarnos, eso que pasa por el individualismo y por no verse afectado por el problema del otro. El temor a lo desconocido también hace que la confianza que existe tambalee, muchas personas sienten que es una pérdida de tiempo ser parte de una construcción. Tenemos que concientizarnos y no conformarnos, creer y confiar. Comprendiendo que el móvil de participar no es el obtener algo a cambio, sino lograr un fin comunitario, alcanzar la comunidad que queremos con las políticas que queremos.

Los Talleres donde se hace la Revista

Editorial Violencia Y Educación

Es común que veamos por televisión o leamos en los diarios temas referidos a violencia e  inseguridad, donde se relaciona a los pobres con la delincuencia. Se piensa que los vecinos de las villas somos chorros, drogadictos, delincuentes y por qué no asesinos.

En ocasiones, cuando los grandes medios analizan un poco más profundamente al problema se suele ligar la violencia e inseguridad a la falta de educación de los barrios pobres. Ahí es cuando comparan a las personas que vivimos en la `villa´ con gente sin ningún grado de educación y es por eso que dicen que somos un peligro para la sociedad. Nos muestran sin ningún tipo de educación, y así los pobres pasamos a ser vistos como los “salvajes”.

Por nuestras experiencias comunitarias sabemos que estas formas de mostrar a la violencia generan desunión entre nosotros, provocan más miedo y cobardía para enfrentarla cotidianamente.

Desde este espacio que hemos construido no negamos a la violencia. Existe y la vivimos. Pero sabemos que la falta de educación no es la explicación al problema, tampoco el paco y las drogas lo explican todo. Por detrás de las adicciones hay necesidades sin respuestas, hay desigualdad.

Por otro lado, entendemos que frente a la violencia e inseguridad en nuestros barrios el Estado está ausente. Los robos son cada vez más violentos y agresivos y los que los cometen son cada vez más chicos, mostrando más grande esa ausencia. Cuando la policía interviene en estos conflictos, arrastrando su falta de formación, no los soluciona.

Las causas que generan violencia e inseguridad se relacionan con distintas cuestiones muy complejas, que pocas veces se tratan en los medios. Por ejemplo, la falta de oportunidades para nuestros jóvenes, la falta de contención. Por otra parte es una realidad que nuestros pibes metidos en el Paco hacen al barrio más inseguro pero es cierto también que muchos adictos vienen de afuera, compran y roban acá, sumando más violencia. El abuso policial también produce miedo, especialmente en los jóvenes.

Es importante hoy que los grupos comunitarios trabajemos especialmente en estos temas porque  el temor sólo lleva a la desunión. El miedo nos aísla, nos deja solos. Los vecinos dejamos de reunirnos, de asistir a distintas actividades comunitarias, dejamos de vincularnos.

Frente a esto no queremos soluciones violentas, ni justicieros por mano propia. Creemos que hay que apropiarse de los espacios públicos. Como comunidad debemos organizarnos para solucionar nuestros conflictos. Tenemos que buscar espacios para los jóvenes, donde piensen alternativas de organización y donde se sientan contenidos, muchos tienen ganas de trabajar para el cambio.

Compartimos que la educación es fundamental para resolver estos conflictos sociales. Pero sabemos, casi mejor que nadie, que no se debe desmerecer ni negar,  la educación que tenemos en nuestros hogares y en nuestra vida comunitaria, en los espacios abiertos que experimentamos cotidianamente y que nunca se muestran en los medios. Es necesario que el Estado se responsabilice por la educación, por ejemplo para que no falten vacantes en las escuelas, para que los contratos de apoyo escolar no se recorten, garantizando el acceso a la educación de todos los chicos. Los grupos comunitario somos capaces de participar en las decisiones y políticas para nuestros barrios, por eso es importante que nos reconozcan como referentes. Además de vacantes queremos calidad en las escuelas. Conocemos a los pibes, sus necesidades, capacidades y dificultades. Es necesario empezar a pensar en docentes capacitados en la diversidad, conociendo y comprendiendo a las distintas culturas e historias que habitan en nuestro suelo.

Si se quiere trabajar realmente en la violencia de nuestros barrios se debe atender al acceso a la educación pero no desde una forma autoritaria ni forzada, sino de una manera colectiva y respetuosa.  No olvidemos que la educación es una sola de las tantas necesidades que hay por atender para resolver el problema de la violencia.